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¿Qué plan de pensiones elijo para mi jubilación? Mirar más allá de la comisión y la bonificación

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La mayoría de los españoles que ahorran para la jubilación a través de planes de pensiones toman la decisión sobre cuánto aportar a finales de año. Entonces proliferan las campañas publicitarias de este vehículo de previsión, que se suelen enfocar en tres ideas: las ventajas fiscales con la vista puesta en la declaración de la renta, las bonificaciones por traspasar los derechos consolidados y las comisiones del producto.

Fijarnos solo en estos aspectos nos puede costar dinero en el largo plazo, hay otros aspectos fundamentales a los que debemos prestar atención para evitar tomar decisiones basadas en mitos.

Vamos a verlo.

#Las comisiones y la rentabilidad de los planes de pensiones

Muchas personas señalan como inconveniente de los planes de pensiones que tienen altas comisiones, lo que se ‘come’ la rentabilidad de este producto y que, por tanto, no compensa invertir en ellos. Sin embargo, esta afirmación puede ser fácilmente rebatida.

Para empezar, desde 2018 las comisiones de los planes de pensiones están limitadas por ley y la máxima, en el caso de los productos que invierten en renta variable es del 1,5% por la gestión (más la de depósito, establecida en el 0,20%); en renta fija es del 0,85% como tope. Sin embargo, cabe destacar que existen importantes diferencias en las comisiones que aplican los más de mil planes de pensiones que hay a disposición de los inversores en el mercado español.

Pero, independientemente del debate sobre si esta comisión es elevada o no, es importante entender qué estamos pagando con ese dinero. Como decimos, existen más de 1.000 planes de pensiones, lo que representa una oferta muy amplia, sobre todo teniendo en cuenta el número de partícipes en España. Así, no solo existen diferencias en las comisiones que aplican, además de forma limitada, sino que también las hay en qué invierten estos planes y, fundamentalmente, en cómo se gestionan. Y ahí está la clave.

La comisión se resta del valor liquidativo del plan y, por tanto, de la rentabilidad. Lo importante es elegir un plan que neta nos dé una buena rentabilidad, entonces habrá merecido la pena la comisión pagada al gestor del mismo. ¿Es mejor un plan que nos cobra solo un 0,5% de comisión y nos da una rentabilidad neta del 2% o un plan que tiene una comisión del 1,5% y que consigue una rentabilidad neta del 7%? Porque, además, es importante entender que cada punto extra de rentabilidad al año a lo largo de periodos largos supone una diferencia importante en el ahorro final que conseguimos.

#La bonificación y el largo plazo

Es muy habitual que durante la campaña de pensiones las entidades nos ofrezcan una bonificación por el traspaso de los derechos consolidados de nuestro plan de pensiones, el dinero que tenemos en dicho producto, que pueden resultar muy atractivas en un primer vistazo. O que, directamente ofrezcan una cantidad en efectivo por llevarte el dinero de tu plan a esa entidad. Sin embargo, hay que entender el efecto real de dicho regalo y la letra pequeña asociada al mismo.

En primer lugar, por dicha bonificación o regalo pagamos impuestos, tributan como ganancia patrimonial en el IRPF. Y, además, en la mayoría de las ocasiones al inversor se le exigen unas condiciones de permanencia para conseguirla.

Pero en nuestro análisis hay que introducir un elemento más para elegir bien el plan de pensiones. Tenemos que comprar la diferencia de rentabilidad que nos pueden dar los productos que nos quiere vender la entidad que nos está ofreciendo la jugosa bonificación. Porque, si tenemos que permanecer en ese plan durante un tiempo, la bonificación puede ser inferior a lo que obtendríamos por un plan de pensiones bien gestionado, como explicamos aquí con un caso práctico.

#El ahorro fiscal con los planes de pensiones

El ahorro fiscal es una de las razones principales por las que los ahorradores se acuerdan cada año de hacer su aportación a planes de pensiones. Y, si bien este es un elemento que hay que tener en cuenta, la fiscalidad no debe anteponerse a los criterios financieros a la hora de elegir cómo canalizar nuestro ahorro para la jubilación.

Dicho esto, merece la pena recordar las ventajas fiscales de los planes de pensiones: las aportaciones son deducibles en la ase imponible general del IRPF, es decir, Hacienda nos devuelve parte de lo que hemos invertido (en función del tipo marginal del contribuyente).

Existen límites a las aportaciones: el financiero es de 8.000 euros anuales (máximo que podríamos aportar) y el fiscal (máximo que nos vamos a poder deducir) es 8.000 euros o el 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas (la menor de las dos cantidades).

También podemos hacer aportaciones hasta 2.500 euros al plan de pensiones de nuestro cónyuge si no tiene ingresos del trabajo y actividades económicas (o si son inferiores a 8.000 euros). Y en el caso de los planes de pensiones para personas con discapacidad, el límite anual es de 24.250 euros, conjunto entre dicha persona y sus familiares (para estos el tope es de 10.000 euros).

¿En qué debo fijarme cuando elija el plan de pensiones para mi jubilación?

Como siempre que nos plantemos una inversión, antes de elegir un producto en concreto, debemos hacer un ejercicio previo de planificación. Tener claro para qué invertimos, cuánto dinero necesitamos para alcanzar nuestro objetivo, cuál es el plazo, qué rentabilidad objetivo debemos buscar y cuánto riesgo podemos asumir con dicha inversión.

Teniendo esto claro, debemos fijarnos en quién gestiona el producto y buscar un equipo de gestión con experiencia, que construya carteras diversificadas y consistentes y que gestione adecuadamente el riesgo en la búsqueda de la rentabilidad.