Ahorrar, mucho más que guardar dinero

Cuenta la fábula que, mientras la hormiga trabajaba durante el verano recogiendo y almacenando alimentos para el invierno, la cigarra prefería cantar y disfrutar del buen tiempo. Cuando llegó el frío y escaseó la comida, la hormiga tenía recursos para afrontar la situación, mientras que la cigarra se encontró dependiendo de los demás.

Más allá de la moraleja tradicional sobre el trabajo y la previsión, esta fábula atribuida a Esopo sirve de metáfora para replantearnos el ahorro, no como una simple acumulación de dinero asociada a la renuncia, sino como una herramienta que nos aporta autonomía y libertad personal.

En esta otra interpretación de la fábula, la hormiga no solo acumula provisiones por miedo a que llegue el invierno. Lo hace porque esas provisiones le permiten estar preparada para afrontar el futuro con mayor tranquilidad y tomar decisiones con autonomía, sin depender por completo de las circunstancias ni de otras personas, como le ocurre a la cigarra.

Precisamente, la imagen de la hormiga es la que la que ilustra la portada de Ahora, ahorra, el libro escrito por Carlos Rodríguez Braun, economista, y José Ramón Iturriaga, socio y gestor de Abante, en el que reflexionan sobre la importancia del ahorro como un medio para tomar decisiones financieras con una visión de largo plazo, más allá de guardar dinero. Ambos expusieron recientemente esta idea sobre el ahorro en una conversación con Santigo Satrústegui, presidente de Abante, en la Fundación Abante

Ahorrar no es renunciar, es abrir puertas

Esta perspectiva del ahorro requiere tomar decisiones en el presente que tendrán su recompensa en el futuro. Y, por supuesto, no siempre es fácil, ya que habitualmente tendemos a elegir aquello que podemos disfrutar hoy frente a algo que todavía no podemos ver. En este sentido, ahorrar pensando en nuestro “yo” del mañana no debe verse como una renuncia, como aconseja Iturriaga, sino como una forma de “abrir las puertas hacia un futuro”. La recomendación es encontrar un equilibrio entre nuestra situación presente y nuestros objetivos futuros y adaptar nuestra planificación a las circunstancias que van marcando las diferentes etapas de nuestra vida.

Cuando vinculamos el ahorro con nuestros objetivos y con la capacidad de elegir, estamos definiendo nuestro propio camino en lugar de dejarlo al azar. No sabemos cómo evolucionarán los mercados, qué crisis económicas pueden surgir, cómo cambiarán nuestras circunstancias profesionales y familiares o incluso qué pensión cobraremos en el futuro. Sin embargo, disponer de recursos nos da margen para tomar nuestras propias decisiones ante aquello que escapa a nuestro control.

El ahorro como forma de libertad

Precisamente, Rodríguez Braun relaciona la capacidad de elegir que proporciona disponer de recursos propios con la libertad individual. Ahorrar también implica responsabilidad porque, aunque no podemos controlar el futuro, sí podemos decidir cómo queremos afrontarlo. “Ahorras porque quieres ser libre, pero también porque quieres responsabilizarte de tu propio futuro; eso supone madurez personal y no solo económica”, señala el economista.

Desde esta perspectiva, también cambia nuestra relación con el dinero: el patrimonio deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un medio para alcanzar aquello que realmente nos importa. El foco pasa así a estar en construir una vida con propósito, en la que los recursos financieros estén al servicio de nuestros objetivos vitales y no al revés.

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿para qué queremos nuestro dinero? Cada persona tendrá respuestas diferentes. Podemos destinarlo, por ejemplo, a mantener nuestro nivel de vida cuando dejemos de trabajar, financiar la educación de nuestros hijos, cambiar de vivienda o, simplemente, vivir con más tranquilidad. Lo importante es convertir esos objetivos en decisiones financieras concretas. Cuando damos ese paso, el ahorro deja de ser solo una cantidad acumulada y pasa a formar parte de un verdadero plan financiero y vital.

El tiempo, el gran aliado del ahorrador

En este planteamiento del ahorro hay otro factor decisivo: el tiempo. No importa solo cuánto conseguimos ahorrar, sino también, y mucho, cuándo empezamos. Rodríguez Braun es taxativo en este punto: “Lo más importante es cuándo, no cuánto”.

El tiempo es probablemente uno de los mayores aliados de cualquier ahorrador. Quien empieza pronto puede construir patrimonio con aportaciones relativamente modestas gracias a la acumulación y al efecto del interés compuesto. En cambio, quien empieza más tarde dispone de menos años y, por tanto, necesita realizar un esfuerzo mayor para tratar de alcanzar un resultado similar.

De ahorrar a invertir

Ahorrar es el punto de partida, pero no necesariamente el destino. Aquí es donde la inversión desempeña un papel fundamental ya que, si contamos con un horizonte suficientemente largo, permite poner ese ahorro a trabajar a lo largo del tiempo y hacer que nuestro patrimonio evolucione de acuerdo con nuestras necesidades y objetivos.

En realidad, invertir empieza cuando nos preguntamos qué queremos hacer con nuestro dinero y, sobre todo, qué queremos hacer con nuestra vida. Solo a partir de ahí, con la planificación financiera como piedra angular, podemos establecer cuánto necesitamos ahorrar, durante cuánto tiempo y con qué estrategia. Como apunta Iturriaga, “la inversión necesita plazo, diversificación, un nivel de riesgo adecuado y, sobre todo, planificación”. No se trata de buscar el mercado o el producto financiero que más rentabilidad ofrece, sino de construir una cartera adecuada a los objetivos que queremos alcanzar.

La lección de la hormiga

Volviendo a la fábula, la enseñanza financiera de la hormiga no es que debamos renunciar a disfrutar del verano para prepararnos para el invierno, sino que conviene reservar una parte de los recursos de hoy para ampliar las opciones del mañana.

Por eso, el ahorro cobra verdadero sentido cuando deja de verse como una mera acumulación de dinero y pasa a entenderse como una herramienta para poner nuestros recursos al servicio de nuestras decisiones, nuestros objetivos y nuestro futuro.

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