Los tipos de interés vuelven a situarse en el centro de la atención de los mercados. Aunque la Reserva Federal y el Banco Central Europeo han optado por mantenerlos sin cambios en sus últimas reuniones, ambos han dejado abierta la posibilidad de nuevas subidas del precio del dinero.
El escenario es muy distinto del que manejaban inversores y analistas a comienzos de año. Entonces se esperaba una política monetaria más acomodaticia. En Europa, las previsiones apuntaban a que el BCE mantendría los tipos después de las ocho bajadas realizadas, mientras que en Estados Unidos se anticipaban entre uno y tres recortes adicionales, según explicó Ángel Olea, socio director de Inversiones de Abante, durante la última conferencia de visión de mercados.
Detrás de este cambio de tendencia hay un escenario internacional más complejo que el que se contemplaba el pasado mes de enero. Uno de los principales motivos se encuentra en la energía. La prolongación del conflicto con Irán ha elevado el precio del petróleo y ha añadido nuevas presiones sobre la inflación tanto en Europa como en Estados Unidos. Para unos bancos centrales cuyo objetivo es mantener la inflación en torno al 2%, este repunte condiciona sus próximas decisiones.
Sin embargo, Olea introduce un matiz importante: la situación no es comparable, por el momento, con la vivida en 2022. La inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles, como la energía y los alimentos frescos, no ha registrado un repunte similar y se mantiene en niveles próximos al 2,5%. “La buena noticia es que la inflación subyacente, al menos de momento, no ha repuntado”, señaló. Esta diferencia respecto a 2022 es una de las claves que Abante ha señalado al analizar el actual repunte del petróleo y la inflación.
El escenario se complica, además, por una economía que sigue mostrando más resistencia de la esperada. Los indicadores de actividad se mantienen sólidos, especialmente en el sector servicios, mientras que las grandes inversiones vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial también contribuyen a sostener el crecimiento. Todo ello reduce el margen de los bancos centrales para relajar su política monetaria.
El mercado se anticipa a los bancos centrales
Pero los mercados financieros no esperan a que los bancos centrales tomen decisiones, sino que tratan de anticiparlas. Las curvas de tipos ya reflejan la posibilidad de nuevas subidas durante los próximos trimestres. Según las expectativas expuestas por Olea, los tipos podrían situarse algo por encima del 3% en Europa y alrededor del 5,5% en Estados Unidos.
Estas expectativas ya tienen consecuencias sobre la economía real. El euríbor a doce meses es un buen ejemplo. Aunque el tipo oficial del BCE se sitúa en el 2,5%, el euríbor cotiza alrededor del 3,30%, lo que indica que ha incorporado por adelantado la posibilidad de nuevas subidas. De una forma práctica, esto significa que una hipoteca contratada hoy ya refleja parte de un endurecimiento monetario que todavía no se ha producido.
Pero la presión sobre las rentabilidades de los bonos no procede únicamente de la inflación y de las futuras decisiones de los bancos centrales. Las crecientes necesidades de financiación de gobiernos y empresas también están empujando los tipos al alza. Los Estados necesitan emitir grandes volúmenes de deuda para financiar sus déficits, mientras que las compañías buscan recursos para acometer nuevas inversiones. El desarrollo de la inteligencia artificial intensifica esta demanda de capital, especialmente por las importantes inversiones en infraestructuras tecnológicas que requiere.
Como explicó Marta Campello, socia y directora de la gestora de Abante, estas dos fuerzas afectan de manera diferente a los distintos vencimientos de los bonos. En los plazos más cortos pesan fundamentalmente las expectativas sobre la inflación y la política monetaria, mientras que, a medida que se alargan los vencimientos, cobra mayor protagonismo la oferta de deuda. Las crecientes necesidades de financiación pública están precisamente entre los factores que explican las tensiones recientes en los mercados de deuda.
Ese aumento de la incertidumbre lleva a los inversores a exigir mayores rentabilidades para prestar su dinero, especialmente a plazos más largos.
¿Qué implica este escenario para quienes invierten en renta fija?
A corto plazo, una subida de las rentabilidades exigidas por el mercado provoca caídas en el precio de los bonos, especialmente en aquellos con mayor duración. Sin embargo, también permite invertir y reinvertir a tipos más elevados, lo que mejora las perspectivas de rentabilidad a medio y largo plazo.
Ahí reside, precisamente, una de las oportunidades que destaca Campello: “esas bajadas de precio en los bonos que se han producido después del verano las vamos a recuperar con los cupones”. Los mayores rendimientos de partida y la reinversión de los cupones pueden ayudar a compensar las pérdidas iniciales con el paso del tiempo. “Después de años en los que resultaba muy difícil obtener rentabilidad de los bonos, el mercado vuelve a ofrecer niveles especialmente atractivos. Partir de rentabilidades más elevadas mejora las perspectivas de la renta fija a medio y largo plazo”, precisó la socia y directora de la gestora de Abante. La renta fija vuelve a ofrecer oportunidades interesantes, aunque sigue siendo necesario prestar atención a la duración, la calidad crediticia y la liquidez de las inversiones.
Para el inversor, la clave no está en tratar de adivinar hasta dónde subirán los tipos, sino en construir una cartera que combine adecuadamente renta fija y renta variable en función de los objetivos y del horizonte temporal de cada inversor.
