Petróleo, geopolítica e inflación: por qué este repunte no es como el de 2022

El cierre del estrecho de Ormuz ha vuelto a poner al petróleo en el centro del análisis económico, en un contexto de plena actualidad y con noticias constantes -como el reciente anuncio de Emiratos Árabes Unidos de abandonar la OPEP-. Con el barril por encima de los 100 dólares, el foco está en una pregunta clave: hasta qué punto este movimiento puede trasladarse a la inflación. Y, además, otra cuestión igual de relevante: cuánto tiempo puede prolongarse esta situación.
El conflicto afecta a uno de los puntos más sensibles del sistema energético global. Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente un 20% del petróleo mundial, cerca de 20 millones de barriles diarios, pero también una parte relevante del gas natural y de los fertilizantes, tres variables directamente vinculadas a la evolución de los precios.
“Cuando se mueve algo tan importante para la economía mundial como el precio del petróleo y del gas, los mercados toman nota”, explicaba Ángel Olea, socio y director de inversiones de Abante, durante el encuentro de visión de mercados celebrado recientemente en el Auditorio Abante.
En las últimas semanas, esa incertidumbre se ha reflejado en caídas de entre el 10% y el 15% en algunos mercados. Pero más allá de la reacción inmediata, lo relevante es entender el impacto real sobre la economía.
El impacto del petróleo en la economía: qué ha cambiado
El primer matiz es el precio en términos reales. Aunque el barril haya superado los 100 dólares, su impacto no es comparable al de hace dos o tres décadas. Ajustado por inflación, ese nivel equivale aproximadamente a la mitad en términos reales. Pero el cambio estructural más importante está en la eficiencia energética.
Las economías desarrolladas han reducido de forma significativa su dependencia del petróleo. En Estados Unidos, por ejemplo, hace 70 años se necesitaban unas 14 unidades de energía para generar 100 unidades de PIB. Hoy esa cifra se ha reducido a apenas 4. “Somos menos dependientes y más eficientes, y en esto tiene mucho que ver la tecnología”, señalaba Olea.
Este cambio implica que, aunque el petróleo siga siendo una variable relevante, su capacidad para alterar el ciclo económico es hoy menor.
Inflación: por qué este episodio no es comparable a 2022
El paralelismo con 2022 es inevitable, pero las diferencias son claras. Entonces, el shock energético fue mucho más amplio. El precio del gas natural –clave en Europa– llegó a multiplicarse por más de diez, con un impacto directo en la electricidad y en el conjunto de la economía.
Además, la inflación ya estaba elevada antes del inicio de la guerra de Ucrania y, tras el COVID, se produjo un fuerte desequilibrio entre oferta y demanda: primero en bienes, con cadenas de suministro tensionadas, y después en servicios, impulsados por el cambio en el comportamiento del consumidor.
Hoy el punto de partida es distinto. La inflación está más contenida, el gas no muestra tensiones comparables y los bancos centrales han reaccionado antes. “La inflación está subiendo, seguramente subirá algo más, pero no va a ser como la de 2022”, comentaOlea en e lcuentro con inversores.
Los últimos datos ya reflejan parte de este impacto: en Estados Unidos, la inflación ha pasado del 2,4% al entorno del 3,3%, mientras que en la eurozona se sitúa cerca del 2,6%. Son repuntes relevantes, pero lejos de los niveles de doble dígito de hace dos años.
Qué puede pasar con la inflación si el petróleo sigue subiendo
El Banco Central Europeo ha analizado distintos escenarios en función del precio del petróleo:
- Petróleo en 80-90 dólares: inflación contenida, cerca de niveles actuales
- Petróleo en 110-115 dólares: inflación en torno al 4%
- Petróleo en 150 dólares: inflación cercana al 6%
Incluso en escenarios adversos, el impacto sería significativo, pero no equiparable al shock de 2022. Además, el mercado no está descontando que los precios actuales se mantengan. Mientras el Brent supera los 100 dólares en el corto plazo, los futuros apuntan a niveles más bajos a final de año, en torno a 80-90 dólares.
Qué significa para los mercados y las carteras
El impacto dependerá, en gran medida, de la duración del conflicto. Cuanto más tiempo se prolongue la disrupción en Ormuz, mayor será la presión sobre inflación y crecimiento.
El Fondo Monetario Internacional ya ha ajustado ligeramente sus previsiones, recortando unas décimas el crecimiento global hasta el entorno del 3,1%. Europa, más dependiente energéticamente, sería la región más sensible. Aun así, el mensaje es de matiz. El contexto actual apunta a un repunte de la inflación, pero no a un cambio estructural del ciclo.
Para el inversor, esto es clave. Los episodios geopolíticos generan volatilidad en el corto plazo, pero rara vez alteran las tendencias de fondo de los mercados. Entender esa diferencia es lo que permite tomar decisiones con una perspectiva de largo plazo.