La tensión ha regresado al mercado de deuda de la zona euro. Y esta vez el foco no está en los denominados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España), sino en Francia.
En las últimas semanas, los inversores han intensificado su vigilancia sobre la segunda mayor economía de la eurozona ante el deterioro de sus cuentas públicas, la debilidad del crecimiento económico y la incertidumbre política. El resultado ha sido un aumento de las rentabilidades exigidas a la deuda francesa. El bono francés a diez años ha repuntado con fuerza hasta rozar el 5% y la prima de riesgo frente a Alemania se ha ampliado un 1,4% hasta niveles que no se veían desde hace años.
Los datos ayudan a entender la inquietud de los inversores. La deuda pública francesa se sitúa en torno a los 3,5 billones de euros, un volumen equivalente a cerca del 120% del PIB y claramente superior a la media de la eurozona. Al mismo tiempo, el déficit público continúa lejos de los objetivos fijados por Bruselas y el Gobierno se enfrenta a la compleja tarea de corregir los desequilibrios presupuestarios sin perjudicar a una economía que ya muestra síntomas de desaceleración.
Para Félix López, gestor de renta fija de Abante, la preocupación de los inversores es comprensible. “El mercado se pregunta cómo se va a corregir la trayectoria fiscal del país y qué medidas serán necesarias para hacerlo”, señalaba recientemente al analizar la situación del mercado de deuda. Según explica, parte de la solución pasa por recuperar el crecimiento económico, pero también por realizar ajustes fiscales que permitan reducir gradualmente el déficit público.
El precedente italiano
No obstante, López introduce un matiz importante: en momentos de tensión, los mercados suelen extrapolar los riesgos actuales hacia el futuro. De hecho, recuerda que los mercados ya han reaccionado de forma similar en otras ocasiones. Cuando Italia afrontó un cambio político hace unos años, la desconfianza de los inversores provocó un repunte significativo de la prima de riesgo italiana. Muchos interpretaron aquel movimiento como el inicio de un deterioro prolongado de su deuda soberana. Sin embargo, la evolución posterior fue muy distinta. “El comportamiento de la deuda italiana en estos últimos años ha sido de los más positivos que hemos visto en la zona euro, junto con España”, recuerda López.
Ese precedente invita a distinguir entre la volatilidad a corto plazo y las tendencias de fondo. La situación francesa exige atención y es posible que continúen los episodios de incertidumbre. “Vamos a tener preocupación y volatilidad con la deuda fundamentalmente francesa y podrían producirse episodios puntuales de contagio hacia otros mercados soberanos europeos. Pero una cosa es reconocer la existencia de riesgos y otra muy distinta asumir que esos riesgos acabarán desembocando necesariamente en una crisis”, subraya López.
El gestor recuerda, además, que las tensiones en los mercados de deuda no se limitan a Europa. “Estamos viendo subidas generalizadas de tipos en otras zonas”, explica. Estos movimientos responden a factores diversos, desde circunstancias propias de cada economía hasta elementos externos, como la evolución del precio del petróleo. Aun así, López considera que parte de las tensiones actuales podrían moderarse con el tiempo.
El mercado de renta fija atraviesa, además, una etapa muy distinta a la de los años posteriores a la crisis financiera. Tras más de una década de tipos de interés extraordinariamente bajos, los inversores vuelven a exigir una remuneración significativa por prestar dinero a los gobiernos.
Oportunidades más allá de la tensión
En este contexto, las tensiones que hoy preocupan a muchos inversores también están generando oportunidades que hacía años que no se veían en renta fija. Así lo señalaba recientemente Marta Campello, socia y gestora de Abante, quien explica que ya es posible encontrar bonos de elevada calidad crediticia con rentabilidades esperadas de entre el 4% y el 5%, niveles especialmente atractivos si se comparan con las expectativas de inflación a largo plazo. Incluso la deuda pública alemana a cinco años ofrece rentabilidades cercanas al 3,5%, lo que devuelve a los inversores a un escenario de tipos reales positivos que no se veía desde hacía mucho tiempo.
“La TIR es uno de los mejores predictores de la rentabilidad futura de la renta fija”, recuerda Campello. Por eso, aunque la volatilidad continúe siendo elevada, considera que no conviene ignorar las oportunidades que están apareciendo en este segmento del mercado.
Aunque las tensiones en el mercado de deuda pueden seguir generando volatilidad, la renta fija vuelve a ofrecer oportunidades atractivas para los inversores. Porque, más allá del ruido del mercado, la clave está en identificar qué riesgos merece la pena asumir y qué oportunidades permiten construir carteras de inversión sólidas, diversificadas y alineadas con los objetivos de cada inversor.
