Qué esperar de la IA en 2026 y qué diferencias hay con la burbuja puntocom

IA burbuja puntocom

Después de un 2025 en el que la inteligencia artificial ha dominado claramente la narrativa del mercado, todo apunta a que 2026 tampoco será muy distinto en ese sentido, aunque conviva con otros focos de atención como la geopolítica, los tipos de interés o la evolución del ciclo económico. La cuestión no es tanto si la IA seguirá estando presente -eso parece evidente-, sino cómo se traslada ese relato a valoraciones, beneficios y niveles de concentración en los índices bursátiles.

Un año de mercados muy concentrados

2025 ha sido un año positivo para la renta variable global, aunque muy desigual. En Estados Unidos, el S&P 500 y el Nasdaq registraron rentabilidades en moneda local del 16,4% y del 20,4%, respectivamente, impulsadas en gran medida por el comportamiento del sector tecnológico. Sin embargo, este buen resultado agregado esconde una realidad más compleja.

Uno de los rasgos que más ha llamado la atención de los inversores es el elevado nivel de concentración alcanzado en los índices estadounidenses. En concreto, hay siete compañías tecnológicas – Aphabet, Nvidia, Microsoft, Apple, Amazon, Meta y Tesla– que suponen el 35% del S&P 500 y que tienen un peso del 25% en el MSCI World. Y, por ejemplo, las dos primeras se han revalorizado un 65% y un 39%, respectivamente, en el ejercicio pasado. Este liderazgo del mercado de un grupo muy reducido de compañías es lo que ha reavivado el debate sobre si estamos ante una situación comparable a otros episodios de euforia tecnológica del pasado.

El paralelismo es inevitable. Pero la pregunta clave es si el contexto actual es realmente comparable con la burbuja puntocom.

La IA hoy no es internet en el año 2000

Para Josep Prats, gestor de Abante European Quality, la diferencia con el año 2000 es sustancial. Entonces, la subida de las tecnológicas se apoyó sobre todo en una fuerte expansión de múltiplos, con PER que llegaron a situarse entre 50 y 100 veces beneficios. Hoy, aunque las valoraciones son exigentes, el punto de partida es muy distinto. Como señala el gestor, las grandes inversiones ligadas a la inteligencia artificial las están acometiendo compañías que ya generan elevados beneficios, con balances sólidos y niveles de endeudamiento bajos.

Desde su punto de vista, el principal riesgo no está tanto en la solvencia financiera de estas empresas como en su capacidad para rentabilizar el enorme volumen de inversión que están destinando a infraestructuras, centros de datos y desarrollo tecnológico. La cuestión clave es si conseguirán obtener retornos adecuados sobre esos cientos de miles de millones invertidos. Aun así, Prats recuerda que muchas de estas compañías cuentan con modelos de negocio basados en suscripciones y millones de clientes finales, lo que facilita una monetización progresiva de la IA mediante mejoras de servicio que pueden trasladarse al precio, incluso con incrementos pequeños por usuario.

Narrativa del mercado: la IA sigue ganando

Desde una perspectiva más global, Marta Campello, socia y gestora de fondos en Abante, insiste en la importancia de no dejarse arrastrar por el relato dominante del mercado: “En un entorno en el que la inteligencia artificial lo impregna todo, el verdadero análisis comienza por entender a qué precio se compra y qué tipo de compañías se incorporan a la cartera, más allá de titulares o múltiplos agregados”.

Campello reconoce que la narrativa de la IA es potente y que ha concentrado flujos y atención, pero recuerda que la exposición real de muchos inversores a tecnología no es tan elevada como a veces parece. El riesgo, en su opinión, no está tanto en la temática en sí como en asumir, sin cuestionarlo, niveles de concentración excesivos en unos pocos valores o geografías, algo que no es necesario asumir para construir carteras bien diversificadas.

De hecho, la foto global de lo que ha pasado en 2025 nos ha dejado rentabilidades muy interesantes fuera de Estados Unidos, tanto en Europa como en Japón o en los mercados emergentes. Si se excluyen las grandes megacaps tecnológicas, el crecimiento esperado de beneficios es comparable entre regiones, lo que refuerza la idea de mirar más allá del foco dominante.

La madurez de la inteligencia artificial

Otra de las cosas que debe tener claras el inversor cuando hablamos de inteligencia artificial es que, a medida que la tecnología madura, el foco del mercado seguramente irá desplazándose progresivamente desde la épica tecnológica hacia la capacidad real de generar beneficios, controlar costes y justificar valoraciones.

Como apunta Narciso Benítez, gestor de Abante Quant Value FI, la IA se está convirtiendo cada vez más en un negocio de carácter industrial, intensivo en capital, con inversiones recurrentes, depreciación acelerada y una presión competitiva global creciente, especialmente desde China. Esto no implica un ajuste brusco o un crash inminente, pero sí un entorno en el que no todas las expectativas se cumplirán al mismo tiempo y en el que la rentabilidad del capital invertido será cada vez más determinante.