Crédito privado: entender el activo más allá del ruido

En los últimos meses, el crédito privado ha pasado a ocupar titulares: problemas de liquidez, dudas sobre valoraciones, impagos o incluso comparaciones con crisis pasadas.
Pero, como suele ocurrir en los mercados, el ruido no siempre ayuda a entender qué está pasando realmente. Por eso, antes de sacar conclusiones, conviene ir paso a paso: qué es este activo, por qué ha crecido tanto y dónde están hoy las verdaderas tensiones.
¿Qué es el crédito privado y cómo funciona?
El crédito privado es, en esencia, financiación a empresas fuera de los mercados cotizados. Es decir, no se compra una acción o un bono que cotiza en una pantalla, sino que el inversor participa en una financiación privada que normalmente es originada y estructurada de una manera más directa.
Esto implica una forma distinta de invertir, con características propias. Por un lado, permite adaptar mucho mejor las condiciones a cada empresa. Por otro, exige aceptar ciertas limitaciones.
En concreto, este tipo de activo suele caracterizarse por:
- Ser financiación directa, normalmente negociada de forma bilateral.
- No cotizar en mercados organizados (menor liquidez).
- No tener un precio diario observable.
- Tener tipos de interés flotantes.
- Estar respaldado, en muchos casos, por garantías.
Frente al crédito público, la diferencia no es solo la liquidez. También cambia la forma en la que se construye el precio y cómo se percibe el riesgo. Mientras que en el mercado cotizado hay un mark to market continuo, en el crédito privado la valoración es más estable, pero eso no significa que el riesgo sea menor.
De hecho, una idea clave es que menor volatilidad observada no implica menor riesgo económico, sino que este se refleja de forma más lenta.
Tamaño del mercado: ¿por qué ha crecido tanto el crédito privado?
El crédito privado ha dejado de ser un nicho. En la última década ha crecido de forma muy significativa y hoy representa un mercado relevante, aunque todavía lejos del tamaño de los mercados cotizados.
Este crecimiento se explica por una combinación de factores estructurales. El más importante es la menor presencia de la banca en la financiación corporativa tras la crisis de 2008. A esto se han sumado otros elementos:
- El auge del private equity, que necesita financiación para sus operaciones.
- La búsqueda de rentabilidad en un entorno prolongado de tipos bajos.
- El desarrollo de grandes plataformas capaces de originar y escalar este tipo de inversiones.
En este contexto, grandes gestoras internacionales como Apollo, Blackstone, Ares o KKR han convertido el crédito privado en una parte central de su negocio. Ya no es una actividad complementaria, sino una línea estratégica con peso propio.
Ruido en prensa: ¿qué está pasando ahora en los mercados privados?
El cambio de entorno en los últimos años -especialmente en tipos de interés– ha puesto a prueba este mercado. Y eso explica buena parte de los titulares.
Por un lado, el hecho de que muchos préstamos sean a tipo variable ha elevado de forma significativa el coste de financiación para las compañías. Empresas que hace unos años pagaban un 1% o 2% hoy pueden enfrentarse a costes cercanos al 8% o 10%. Esto reduce márgenes y hace que las refinanciaciones sean más exigentes.
Por otro lado, ha ganado protagonismo la discusión sobre la liquidez, especialmente en los vehículos que invierten en este tipo de activos. Aquí conviene distinguir bien entre el activo y el vehículo.
En el caso de los fondos semilíquidos (los conocidos como evergreen), los inversores pueden entrar y salir con cierta frecuencia, pero siempre bajo condiciones. En momentos de tensión, cuando aumentan las solicitudes de reembolso, estos fondos pueden limitar salidas. No es un fallo del activo, sino una consecuencia lógica: no se puede hacer líquido algo que, por naturaleza, no lo es sin asumir pérdidas relevantes.
El papel de los BDC y la percepción de riesgo
Una parte importante del ruido reciente se ha concentrado en los BDC (Business Development Companies), especialmente en Estados Unidos.
Estos vehículos tienen una particularidad relevante: invierten en crédito privado (prestando a empresas), pero cotizan en bolsa. Esto los convierte en una especie de puente entre el mundo no cotizado y el inversor más amplio, incluyendo el retail.
Su crecimiento ha sido muy significativo en los últimos años, en parte porque han permitido el acceso a esta clase de activo a un público más amplio. Además, suelen tener exposiciones relevantes a determinados sectores, como el software.
¿Qué está ocurriendo ahora?
- El precio al que cotizan estos vehículos ha caído de forma notable.
- En muchos casos, cotizan con descuento frente al valor de sus activos (NAV).
- Este ajuste responde, en gran medida, a un cambio en el sentimiento del inversor, no necesariamente a un deterioro equivalente de los fundamentales.
Al cotizar en mercado, los BDC reflejan de forma inmediata el nerviosismo de los inversores, algo que no ocurre en otros vehículos de crédito privado. Por eso, muchas veces se convierten en el termómetro del mercado, aunque no siempre reflejen fielmente lo que ocurre en los activos subyacentes.
Software e inteligencia artificial: el principal foco de vigilancia
Dentro del crédito privado, uno de los focos principales está en el sector del software.
Durante años, este tipo de compañías ha sido especialmente atractivo para los financiadores privados: ingresos recurrentes, márgenes elevados y capacidad de generar caja. Además, el private equity ha impulsado muchas operaciones en este ámbito, financiadas con crédito privado.
Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial ha introducido dudas sobre la sostenibilidad de algunos modelos de negocio. Esto ha generado presión en el sector, especialmente en términos de valoración y percepción de riesgo.
Aquí es importante matizar:
- No todo el software está igualmente expuesto.
- No se observa un deterioro generalizado en los resultados operativos.
- Parte del ajuste responde más a expectativas y sentimiento que a problemas reales de repago.
En otras palabras, el mercado está siendo poco selectivo y está penalizando al conjunto del sector, cuando la realidad es más heterogénea. Y esta falta de selectividad no es exclusiva de un sector concreto. El crédito privado se ha consolidado como una pieza relevante en la financiación empresarial, impulsado por cambios estructurales y el desarrollo de nuevas plataformas de inversión.
El entorno actual, marcado por tipos más altos y mayor exigencia en las condiciones, ha generado tensiones y titulares que no siempre reflejan la realidad del conjunto del mercado. Más que un problema generalizado, lo que se observa es un ajuste desigual entre sectores, vehículos y compañías, donde la clave sigue estando en el análisis detallado de cada inversión. Entender bien qué se financia, cómo se estructura y a través de qué vehículo permite distinguir entre el ruido del corto plazo y la evolución real de este activo.