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Retrasar la edad de jubilación puede ser beneficioso para la salud

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El aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento poblacional y la crisis han provocado un debate intenso sobre el futuro de las pensiones. Una de las cuestiones que se plantea es la necesidad y posibilidad de retrasar la edad de la jubilación dado que cada vez vivimos más años y en mejores condiciones.

En este contexto, en Estados Unidos hace ya algunos años que se habla de la Generación U, de unretired (los que no se jubilan) y en mayo de este año, The Wall Street Journal publicaba un artículo que apoyaba el argumento de prolongar la vida laboral. El título era “Jubilarse después de los 65 años podría ayudar a la gente a vivir más” y se basaba en un estudio publicado por Journal of Epidemiology & Community Health, que analizó la evolución de casi 3.000 personas durante 18 años.

Este informe revelaba que el riesgo de fallecer por cualquier causa durante el periodo de estudio fue un 11% menor entre las personas que habían retrasado un año la jubilación (hasta los 66 años) y que descendía aún más entre quienes se jubilaban entre los 66 y los 72 años. En concreto, a los 70, el riesgo era un 44% inferior y a los 72, un 56%, según recoge la publicación estadounidense.

Este beneficio, según este análisis, se producía independientemente del género, el estilo de vida, la educación, los ingresos o la ocupación. Así, los autores concluyen que “anticipar la jubilación puede ser un factor de riesgo para la mortalidad y una vida laboral prolongada puede proporcionar beneficios para la supervivencia entre los adultos en Estados Unidos”.

La idea no es nueva. En 2009 los medios estadounidenses ya publicaban noticias en las que se subrayaba los beneficios de no jubilarse, citando a expertos. Así, en un artículo sobre este tema de NBC news, recogían la valoración del profesor Harvey Sterns, director del Life-Span Development and Gerontology de la Universidad de Akron en Ohio: “Continuar trabajando proporciona a las personas un sentido de significado y propósito”, lo que “contribuye a una mejor salud y bienestar”. El artículo señalaba que esto ocurre cuando la persona desea continuar trabajando, no cuando se trata de una obligación, ya que eso podría provocar estrés.

Esta idea era compartida por Robert S. Wilson, profesor en el Rush University Medical Center de Chicago o por Amy Pienta, socióloga de la Universidad de Michigan que decía, al medio estadounidense, lo siguiente: “Trabajar durante la jubilación puede mejorar la movilidad física y está conectado con menores ratios de depresión”.