De la euforia a la selección: cómo la IA está cambiando las reglas del mercado

La inteligencia artificial sigue ocupando titulares, pero en los mercados financieros ha empezado una nueva fase. Ya no basta con estar vinculado a la IA. La narrativa ha dado paso a algo más exigente: la discriminación.
“Hasta hace nada, el mercado premiaba prácticamente a todo lo que sonara a inteligencia artificial”, explicaba Marta Campello, socia y gestora de fondos de Abante, en la última conferencia de visión de mercados. “Este año el mercado ha empezado a discriminar. Y si entiende que estás en un segmento que puede verse perjudicado, te castiga en bolsa”.
De la euforia a la discriminación en la IA: qué está cambiando en el mercado
Ese cambio de régimen se está viendo con especial claridad dentro del propio sector tecnológico. Si en el peor momento de mercado de este año tecnología era uno de los sectores que más caía -un 12,5%-, en abril lograba reponerse con una subida del 8% (a 24 de abril), aunque las diferencias dentro del propio sector han sido -y están siendo- muy significativas:
- Semiconductores: subidas cercanas al 28%
- Software: caídas del entorno del 16%
Detrás de este movimiento hay una lectura más sofisticada por parte del mercado. No todas las compañías se benefician igual del despliegue de la IA. Y, lo más importante, el mercado ya está identificando qué compañías pueden verse amenazadas por este proceso.
Este ajuste ha sido especialmente visible en lo que el mercado ha bautizado como “SaaSpocalypse”, una corrección intensa en compañías de software. Empresas líderes como Accenture, SAP, Adobe, Salesforce, IBM o Microsoft han sufrido caídas relevantes desde máximos, del entorno del 45% en el caso de Accenture y del 23% en el caso de Microsoft.
La lógica es sencilla, aunque sus implicaciones son profundas. La IA generativa reduce barreras de entrada, automatiza procesos y puede erosionar propuestas de valor que hasta ahora parecían consolidadas.
“El mercado se ha puesto a inferir que esto va a llegar a todos los sectores”, señalaba Campello al explicar que el mercado ha empezado a anticipar qué modelos de negocio pueden quedar desintermediados.
Así, el impacto no se limita a la tecnología: afecta a cualquier compañía que actúe como intermediaria en la cadena de valor entre un producto o servicio y el cliente final. Plataformas digitales, medios, distribución o servicios financieros están bajo escrutinio, con nombres como Spotify, Booking, Visa o Publicis protagonizando importantes caídas, aunque lejos de lo que estamos viendo en las compañías de software.
Los ganadores de esta nueva fase: infraestructura, energía y activos difíciles de sustituir
En este contexto, la otra cara de la moneda la encontramos en los ganadores: empresas que se benefician claramente de este nuevo entorno. Uno de los conceptos clave que destacaba Campello es el llamado “HALO”: compañías con activos físicos relevantes, baja obsolescencia y difícil desintermediación. Sectores como utilities, materiales o infraestructuras energéticas se benefician directamente del despliegue de la IA.
La razón es sencilla: el desarrollo de modelos de inteligencia artificial requiere una enorme capacidad computacional, consumo energético y redes físicas que no pueden replicarse fácilmente. “Mientras se necesiten, no se pueden desintermediar”, comentaba Campello.
La carrera tecnológica se acelera y refuerza el cambio de fondo
Más allá de lo que estamos viendo en los mercados, este movimiento responde a un cambio de fondo mucho más amplio. En paralelo a lo que ocurre en la bolsa, la carrera tecnológica se ha intensificado. La competencia entre grandes actores -como OpenAI o Anthropic– refuerza la sensación de que estamos ante un cambio estructural, no cíclico.
Desde una perspectiva más amplia, Ángel Olea, socio director de inversiones de Abante, enmarcaba este proceso dentro de una transformación tecnológica de gran calado. “La inteligencia artificial es un gran acelerador, y además está evolucionando a una velocidad cada vez mayor”, señalaba.
Ese dinamismo se está reflejando también en la inversión. Las grandes tecnológicas están incrementando de forma sostenida el gasto en inteligencia artificial año tras año, en una carrera por liderar el desarrollo de infraestructuras, modelos y capacidades. Solo en 2026, la inversión conjunta de los grandes hiperescaladores -Amazon, Google, Meta, Microsoft, Oracle y CoreWeave- alcanza ya los 716.000 millones de dólares, concentrando buena parte de ese esfuerzo en Estados Unidos, donde los volúmenes siguen marcando máximos y refuerzan su ventaja competitiva en este ámbito.
Este carácter exponencial conecta la IA con otras grandes tendencias en desarrollo, como la computación cuántica, los vehículos autónomos o la robótica avanzada, configurando un entorno en el que la productividad podría dar un salto relevante en los próximos años. Una transformación que ya se está dejando ver en los mercados y que, previsiblemente, seguirá marcando las dinámicas de inversión en los próximos años.