Aprendizajes de 2025 para la toma de buenas decisiones de inversión en un mundo incierto

Por Marta Rodríguez, socia directora comercial de Abante
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14/01/2026
Marta Rodríguez Abante

El año 2025 nos ha dejado importantes aprendizajes sobre cómo interpretar la información y gestionar la incertidumbre en los mercados. De cara a 2026, el entorno sigue siendo exigente, lo que refuerza la importancia de contar con un asesoramiento profesional y una estrategia de inversión sólida y adaptada a las circunstancias personales de cada inversor.

El recién finalizado 2025,  se ha caracterizado por una gran intensidad informativa donde, a pesar de las expectativas negativas que predominaban en los medios, los mercados financieros sorprendieron con rentabilidades cercanas a máximos históricos y una notable estabilidad en el crédito. Este contraste entre las previsiones y la realidad pone de manifiesto que las relaciones causa-efecto en los mercados no siempre siguen la lógica aparente.

El 2026 no parece que vaya a ser muy distinto y arranca de nuevo con tensiones geopolíticas que, sin duda, dificultarán la toma de decisiones de nuestros inversores. En este sentido, y con la experiencia que nos ha dado la gestión de crisis tan diversas en los últimos años, estamos convencidos que el mejor antídoto para mantenerse tranquilo ante la incertidumbre  es trabajar en un plan financiero personal. Cuando el inversor es consciente del impacto que sus decisiones de hoy tienen en su “yo” del mañana y entiende que para conseguir sus objetivos habrá momentos en los que tendrá que afrontar situaciones complicadas de mercado, el cliente suele mantenerse fiel a su estrategia porque la ha dotado de sentido.

La inteligencia artificial ha sido protagonista en 2025 y seguirá siendo relevante en 2026, generando interés y expectativas entre los inversores. En este contexto, la diversificación se reafirma como la mejor estrategia: evitar certezas absolutas y construir carteras variadas permite minimizar riesgos y aprovechar oportunidades. La historia demuestra que, en cada revolución tecnológica, identificar a los verdaderos ganadores no es sencillo; por eso, mantener una visión abierta es clave para obtener buenos resultados a largo plazo.

Tras un año de máximos históricos, es natural que surja la pregunta sobre si la bolsa está demasiado cara y que aparezca el temor a una posible corrección. Ante esta inquietud, lo fundamental es recordar que el éxito en la inversión no depende tanto del momento de entrada, sino de mantener una cartera adaptada a los límites emocionales de cada inversor. Respetar el nivel de riesgo que cada uno puede asumir y evitar sobrepasar el porcentaje de caída puntual máxima es clave para mantenerse invertido, que en última instancia es determinante para obtener los resultados esperados en el tiempo.

Una vez entendido el impacto emocional de la inversión, es fundamental construir carteras sólidas y compactas que permitan afrontar los retos del mercado con mayor tranquilidad. Invertir va mucho más allá de limitarse a los activos cotizados tradicionales, como la renta variable, la renta fija o la liquidez; supone explorar alternativas que aporten valor y diversificación a la cartera.

En los últimos años, el private equity se ha democratizado como una de estas alternativas, facilitando la entrada con tickets mínimos asequibles. Las inversiones en temáticas como el private equity tradicional, deuda no cotizada o infraestructuras, nos aportan descorrelación con los activos tradicionales. Es cierto que la barrera de entrada es la liquidez y el plazo, pero siempre que estos activos tengan el peso adecuado en la cartera y que no ponga en riesgo las necesidades futuras de liquidez, son un gran aliado y una fuente relevante de aportación de rentabilidad.
Igualmente, invertir el el sector inmobiliario a través de vehículos diversificados y líquidos, como pueden ser las socimis, que son vehículos con  carteras profesionalizadas y muy diversificadas (logística, centros comerciales, residencial, hoteles), nos aportará una fuente adicional de rentas.

En un entorno cada vez más dinámico y con una oferta creciente de productos y vehículos de inversión, es comprensible que muchos inversores se sientan abrumados ante tantas opciones. Este exceso de alternativas, lejos de facilitar la toma de decisiones, puede llevar a la conocida ‘paradoja de la elección’, generando dudas e incluso parálisis. Por eso, ahora más que nunca, el acompañamiento profesional resulta esencial para ayudar a los clientes a filtrar información y construir una estrategia alineada con sus objetivos y perfil.

En definitiva, en un entorno marcado por titulares impactantes, avances tecnológicos y una oferta creciente de alternativas de inversión, la experiencia reciente nos enseña que mantener la perspectiva, apostar por la diversificación y adaptar la estrategia a las circunstancias personales son claves para afrontar los retos del mercado. Explorar nuevas oportunidades, gestionar el riesgo emocional y construir carteras sólidas permiten avanzar con confianza hacia los objetivos de inversión, incluso en escenarios cambiantes.