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¿Gestión activa o pasiva para mi plan de pensiones?

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El debate sobre la elección de gestión activa o pasiva existe desde hace tiempo en los fondos de inversión y es algo más reciente en el caso de los planes de pensiones. Como hemos visto en otros artículos, en cualquier caso, es fundamental analizar bien nuestras opciones. La inversión en pensiones no tiene por qué ser un aspecto menos relevante que en otros productos. Por eso, el inversor debe plantearse qué tipo de gestión quiere para su dinero para la jubilación, poniendo en segundo plano cuestiones como la fiscalidad o el regalo que haga cada entidad.

La gestión activa pretende batir al mercado mediante la generación de alfa, es decir, el gestor, con sus decisiones estratégicas y tácticas intenta aportar valor añadido al partícipe, intenta conseguir una rentabilidad superior a la que se obtendría replicando la composición de un índice de referencia concreto (que es lo que se hace en la gestión pasiva), tanto en renta variable como en renta fija.

La gestión pasiva consiste, básicamente, en replicar índices. En el debate sobre gestión activa o pasiva, merece la pena hacer una reflexión. La elección de una gestión pasiva a través de productos que repliquen índices o ETF requiere, necesariamente, una decisión activa previa: entre los miles de productos que hay, es necesario hacer una selección de los que mejor se ajusten a nuestro perfil y necesidades.

La ventaja de la gestión pasiva respecto de la activa -según los defensores de la primera- es que su coste es inferior, dado que no hay que retribuir a un gestor que se dedique a buscar buenas oportunidades de inversión realizando análisis profundos, tanto de la macro como de la micro. Esta ventaja lo será en la medida en que el gestor activo no sea bueno y no consiga mejorar la rentabilidad del índice. Es decir, que si el producto es más barato, pero nos da menos rentabilidad neta, lo barato nos habrá salido caro, como se suele decir.

Pero si, como decíamos, buscamos buenos gestores en el largo plazo podremos conseguir una rentabilidad extra gracias a la mencionada generación de alfa (y aquí es importante hacer un punto en la calidad del gestor y en que este sea realmente activo). En este sentido, conviene recordar también la importancia de diversificar, no solo por tipo de activos, sino también por gestores.

Estos profesionales, que analizan de forma continua los mercados y la situación de las empresas y/o los datos económicos, de forma que pueden detectar burbujas o ineficiencias, anticiparse al mercado o evitar situaciones de riesgo excesivo que un inversor particular que apueste por la gestión pasiva no controlará, puesto que no se dedica su jornada a observar sus inversiones.

Los gestores activos siguen diferentes estrategias que se pueden complementar contribuyendo a que una cartera diversificada sufra menos en los malos momentos del mercado y obtenga buenas rentabilidades en el medio y largo plazo.