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Por qué nos importan los tipos de interés y las políticas monetarias

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TIPOS DE INTERÉS septiembre 2019

La política monetaria y las decisiones sobre los tipos de interés de los bancos centrales han dado muchos titulares en los últimos meses (y años, desde la crisis de 2008). La semana pasada fue el turno del Banco Central Europeo y esta semana todas las miradas están puestas en la Reserva Federal de Estados Unidos, que anuncia el miércoles sus decisiones en materia monetaria y sus previsiones económicas, en un contexto marcado por la guerra comercial y por las declaraciones del presidente Donald Trump urgiendo a bajar los tipos.

Estas decisiones sobre los tipos de interés tienen efectos a nivel macroeconómico y en los mercados financieros, pero también en los bolsillos de ahorradores e inversores. Por eso nos interesa entender qué son y cómo funcionan.

Los tipos de interés son un instrumento de política monetaria y determinan el precio del dinero. Es decir, es el precio que hay que pagar por utilizar el dinero durante un tiempo determinado. La política monetaria consiste en el conjunto de decisiones que toman las autoridades monetarias en cada país. La autoridad monetaria es el banco central, como es el caso del BCE en la eurozona, la Reserva Federal en Estados Unidos, el Banco de Inglaterra en Reino Unido o el Banco de Japón en este país.

En el caso de la eurozona, el objetivo principal es mantener la estabilidad de precios (el objetivo de inflación está situado en el entorno del 2%). Para ello, el BCE utiliza una serie de instrumentos y procedimientos con los que trata de controlar los tipos de interés y la cantidad de dinero que hay en el sistema.

Una década de dinero barato y medidas no convencionales

Como consecuencia la de crisis financiera de 2008, las políticas monetarias han cobrado un papel destacado: los bancos centrales han tomado una serie de decisiones y medidas -convencionales y no convencionales- para ayudar a los países (y sus sistemas financieros) a superar la crisis, desde bajadas de tipos a niveles mínimos hasta agresivos programas de compra de activos -fundamentalmente, bonos- y otras medidas de expansión monetaria para ayudar a estimular la economía.

Así, la Fed bajo a finales de 2008, cuando Ben Bernanke era su presidente, los tipos hasta el 0% (para tener la referencia de los niveles previos, en junio de 2006 los había subido hasta el 5,25%) para inyectar dinero en el sistema tras la caída de Lehman Brothers. Fue el inicio de una década de dinero barato -o gratis- en los países occidentales. Janet Yellen, que sucedió a Bernanke en 2014, inició las subidas de tipos a finales de 2015 con un tímido 0,25% y fue realizando subidas progresivas hasta diciembre de 2018, cuando situaron los tipos en el 2,25%. Sin embargo, el fantasma de la recesión económica provocó que la Fed volviera a bajar (25 puntos básicos) este verano los tipos por primera vez desde la crisis, ya bajo el mandato de Jerome Powell. Una decisión -no unánime- que se justificó por la baja inflación y la debilidad de la economía global.

Por su parte, el BCE tardó algo más en llevar el precio del dinero a mínimos, haciendo bajadas más graduales en los primeros momentos de la crisis. En 2007, el tipo de la facilidad de crédito se encontraba en el 5% y el de las operaciones de refinanciación, en el 4%. En julio de 2008 se subieron ambos en 25 puntos básicos. Pero en octubre, comenzaron las bajadas graduales. A principios de 2011 el BCE volvió a subir los tipos, pero la crisis de deuda, con los países mediterráneos como protagonistas, hicieron cambiar el rumbo de la política monetaria antes de finales de ese año. En noviembre de 2011 Mario Draghi, que sucedió a Jean-Claude Trichet, anunció que haría lo que fuera necesario (“Whatever it takes”) para preservar el euro.  Y las bajadas de tipos, junto con otras medidas, han llegado hasta hoy.

La semana pasada Draghi volvió a reducir los tipos de interés, dejando la facilidad de depósito en el -0,5% (el tipo de interés de las operaciones principales de financiación -MRO- y la facilidad de crédito están en el 0% y el 0,25%, respectivamente) y anunció, a pocas semanas del final de su mandato (en noviembre accede al cargo Christine Lagarde) nuevas compras de bonos, entre otras medidas, al tiempo que insistió en que no es suficiente con la política monetaria y pidió a los gobiernos utilizar políticas fiscales.

Los tipos clave en Europa

Cuando hablamos de las decisiones sobre los tipos de interés que toma el Banco Central Europeo (cada seis semanas), es que nos estamos refiriendo a tres tipos diferentes.

Los tipos de interés clave en el Eurosistema son:

Tipo de interés de las operaciones principales de financiación (MRO), que proporcionan liquidez en el sistema bancario, se sitúa en el 0% desde marzo de 2016. El MRO determina el coste al que los bancos pueden pedir prestado al banco central por periodos de una semana y suele ser inferior a la facilidad de crédito marginal. Para conseguir estos créditos, deben aportar garantías.

Tipo de interés de la facilidad marginal de crédito, que es el que pagan los bancos por solicitar créditos para las operaciones diarias a un coste superior al MRO. Se encuentra en el 0,25% desde marzo de 2016.

Tipo de interés de la facilidad de depósito, que es el dinero que reciben (al estar los tipos en negativo, en realidad, están pagando) los bancos por utilizar los depósitos diarios del BCE – este es el que se sitúa en negativo desde junio de 2014 y que ha bajado hasta el -0,50% hace unos días-.

Más allá del debate sobre si todavía tienen margen de maniobra los bancos centrales para tratar de impulsar las economías o de la efectividad de estas políticas monetarias laxas, estas decisiones, como decíamos, afectan a nuestros bolsillos. La teoría económica clásica te dice que si es más fácil (barato) conseguir el dinero -cuando se bajan los tipos de interés-, será más fácil poner en marcha nuevos negocios y los hogares estarán más predispuestos a consumir, lo que impulsará la economía y generará inflación. Además, las decisiones sobre los tipos oficiales tienen un impacto importante sobre las expectativas de los inversores e influyen en las rentabilidades del resto de activos.

Tal y como explica el Banco de España: “El proceso por el que las decisiones de política monetaria afectan a la economía en general y al nivel de los precios en particular se denomina mecanismo de transmisión de la política monetaria y se trata de una larga cadena de causas y efectos que vincula las decisiones de política monetaria con el nivel de los precios”.

“El BCE influye sobre los precios principalmente mediante la fijación del tipo de interés a corto plazo al que presta dinero a los bancos comerciales. Modificando este tipo de interés, el BCE influye sobre el volumen y el coste del crédito que llega, a través de los bancos comerciales, a las empresas y los hogares, es decir, a la economía”, explica la entidad que preside Mario Draghi.

¿Cómo afectan los tipos a ahorradores y consumidores?

Para que los tipos afecten al bolsillo de los ciudadanos, como vemos, tienen que funcionar esas correas de transmisión desde el sistema financiero hacia la economía real. Uno de los primeros efectos es sobre los préstamos, que al bajar los tipos de interés de referencia se abaratan.

Así, por ejemplo, los hogares cuyas hipotecas tienen un tipo variable referenciado al Euribor, han visto cómo el coste mensual de este préstamo para la vivienda se ha rebajado, dado que este índice se encuentra en negativo y mínimos históricos. Esto reduce el gasto mensual de las familias que tienen hipotecas y les permite o incrementar el ahorro o impulsar el consumo. La bajada de tipos también permite a las empresas que tienen deuda o que necesitan financiación rebajar los intereses, financiarse más barato (tanto si es mediante un crédito como mediante la emisión de títulos de deuda), lo que les permite realizar inversiones. Todo ello tiene un impacto en sus cuentas.

La otra cara de la moneda es que los tipos bajos afectan negativamente a la remuneración del ahorro. Así, las cuentas remuneradas y los depósitos han ido bajando lo que pagaban a los ahorradores por su dinero, lo que, a largo plazo, provoca que se pierda poder adquisitivo si esa remuneración es inferior a la inflación. En los últimos años hemos visto como los bancos han ido reduciendo los intereses que ofrecían a los ahorradores, lo que ha dejado a aquellos con perfil más conservador sin saber qué hacer con su dinero para conseguir rentabilidad. Así, por ejemplo, los hogares dejaron de ingresar -en su conjunto- más de 23.000 millones de euros por sus depósitos. Este efecto puede contrarrestar el ahorro que consiguen estos mismos hogares por las hipotecas.

En este escenario, algunos ahorradores han optado por mover su dinero hacia fondos de inversión buscando algo de rentabilidad, lo que implica asumir algo más de riesgo (en función del tipo de fondo que hayan elegido será mayor o menor esta exposición). Sin embargo, el ahorro en depósitos sigue estando en niveles muy elevados por la tradicional aversión al riesgo de los españoles.

El efecto sobre las inversiones

Los precios de los activos financieros también se relacionan con las políticas monetarias y la evolución de los tipos de interés. Las bajadas de tipos han provocado que los bonos gubernamentales y corporativos reduzcan su rentabilidad hasta el punto de estar en negativo, dado que el nivel del tipo de interés de referencia se traslada a los bonos en sus diferentes plazos. En el caso del bono alemán a 10 años, se sitúa en el -0,47%, mientras que el español se encuentra en el 0,31%.

En lo que se refiere a la renta variable, como hemos visto, no solo influye que pueda entrar más dinero en el activo en busca de una rentabilidad que el inversor no encuentra en otra parte. Sino que, como decíamos, en la bolsa influyen mucho las expectativas.

Así, por ejemplo, el mercado puede interpretar que una bajada de tipos y una batería de medidas de expansión monetaria (como las compras de activos) pueden contribuir a evitar una recesión económica, lo que, junto con un acceso más barato a la financiación, será positivo para los resultados de las empresas. Y eso da impulso a las bolsas. Aunque hay que tener en cuenta el resto de factores que afectan a las inversiones y que pueden neutralizar este efecto y los motivos que hay detrás de la decisión sobre los tipos de interés. Por otro lado, si los tipos de interés suben, “compiten” con la rentabilidad de la bolsa porque los inversores con más aversión al riesgo pueden preferir esta opción más segura si paga bien.

Los tipos también tienen relación con la evolución de las divisas (y estas con la evolución de las exportaciones e importaciones y, por tanto, con la economía y los resultados corporativos) y, por este motivo (entre otros), está presionando el presidente estadounidense Donald Trump a la Reserva Federal para que baje los tipos de interés. El efecto sobre las divisas se produce porque los tipos de interés provocan mayor o menor demanda de una moneda frente a otra, dado que los activos denominados en una de las divisas ofrecerán si suben o bajan los tipos más o menos rentabilidad. Una bajada de los tipos de interés en Estados Unidos conllevaría un debilitamiento del dólar, lo que favorecería a las empresas exportadoras de este país, en el contexto, que mencionábamos al inicio de este artículo, de una guerra comercial que tiene muchos niveles.