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Asesoramiento financiero personalizado para los momentos de incertidumbre

Asesoramiento & Financial Planning |
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Si algo nos ha demostrado la crisis del COVID-19 es que el futuro, cada vez más, es impredecible. Lo que ha pasado durante estos últimos meses pasará, sin lugar a dudas, a la historia de los mercados, y lo va a hacer tanto por las pérdidas que vivimos en marzo, como por la fuerte y rápida recuperación que llegó después y, también, porque, una vez más, las previsiones se han equivocado.

Lo que también nos ha enseñado esta crisis es que a los inversores nos sigue costando convivir con la incertidumbre y las jornadas de volatilidad y, sobre todo, que pensar a largo plazo sigue siendo una de nuestras tareas pendientes.

Como dice Marta Campello, socia y gestora de fondos en Abante, “esta situación no se parece en nada a cualquiera otra que hayamos vivido y cuanto antes reconozcamos nuestro propio desconocimiento, mejor”.  Por eso, para poder defendernos bien en momentos complicados hay que estar preparado antes de que llega la crisis y hacerlo, también, mientras esta dure. Y es que, ¿alguien se imaginaba lo que estaba por llegar y el impacto que iba a tener? ¿Quién esperaba que, en los mercados, la recuperación fuera tan rápida e intensa?

Aunque nadie nos va a proporcionar la bola de cristal, contar con un asesoramiento financiero personalizado nos va a ayudar a enfrentarnos a los momentos de incertidumbre con tranquilidad y seguridad porque sabremos que nuestras inversiones responden a nuestros objetivos vitales y a nuestro perfil de riesgo. Y es que contar con la cartera de inversión que se adapta a nuestras necesidades y objetivos siempre es vital, en cualquier momento de mercado, pero se vuelve especialmente importante cuando la incertidumbre se apodera de los mercados.

 

 

Si sabemos que nuestra cartera de inversión está bien construida -tanto para capturar todas las oportunidades del mercado en los momentos alcistas como para sufrir menos en los momentos bajistas- podemos controlar nuestras emociones para no salirnos del mercado en los momentos de pánico, si nuestras circunstancias y objetivos siguen intactos.

¿Qué le ha pasado al inversor que se salió en abril temiendo más perdidas? Si echamos un vistazo al comportamiento que ha tenido el mercado estos últimos meses vemos que, si bien, los principales índices siguen acumulando pérdidas (el Euro Stoxx cae cerca de un 10%, el Ibex, un 20%, y en Estados Unidos, el Dow Jones se deja en torno a un 5%, mientras que el Nasdaq sube cerca del 20%), estas se han reducido considerablemente desde finales de marzo, tanto que en algunos mercados hemos visto cómo se alcanzaban nuevos máximos históricos.

Javier Estévez, socio y director comercial de Abante, recuerda que al cliente que mejor le fue en la crisis de 2008 fue al que no hizo nada, mantuvo sus inversiones y pensó en el largo plazo. Si no vamos a necesitar el dinero hasta dentro de unos años, ¿nos afectan estas caídas? Esta es la pregunta que siempre debemos hacernos porque, por ejemplo, si nos salimos del mercado en marzo por temor a más números rojos nos hemos perdido parte de la recuperación y hemos salido, además, asumiendo pérdidas.

Por eso, en momentos complicados, la figura del asesor financiero se vuelve más importante que nunca para que podamos tomar buenas decisiones financieras. Si nuestro horizonte temporal de inversión no ha cambiado, podemos aprovechar las caídas para incrementar nuestra posición aprovechando los mejores precios porque, por lo general, tendemos a hacerlo al revés: vendemos cuando el mercado cae y entramos cuando ya está subiendo y, en consecuencia, los precios son más caros. Esto pasa porque solemos infravalorar las subidas y sobrevalorar las pérdidas, es decir, nos duele mucho más perder dinero que lo que nos alegra ganarlo.

Por el contrario, si vemos que no estamos cómodos y las pérdidas nos ponen muy nerviosos, en lugar de salirnos del mercado podemos rebalancear nuestra cartera y bajar la exposición que tenemos al riesgo. Siempre trazando un plan de la mano de nuestro asesor financiero para que nuestros objetivos vitales no se comprometan.